Mis dos ídolas


Tengo dos nuevas ídolas. La primera es Rosalía, hasta sueño con ella, van tres veces ya.

En mis sueños, le hago de manager, de hermana mayor y de mentora. Ya sabéis como son los sueños, que se entremezcla todo sin un sentido claro. El subconsciente nos revela durante la noche, lo que por el día, por un motivo u otro, ha sido significativo. A mi de Rosalía me encanta su talento, su eclecticismo, su frescura, su belleza, su estilo, su forma de hablar y su inteligencia. Me gusta que sea tan abierta a nuevas posibilidades y que crea firmemente que se merece lo mejor, sin peros.


Yo interpreto de mis sueños que me hubiera gustado ser como ella cuando tenía su edad, también que siempre he querido tener una hermana pequeña y que me hubiera encantado que fuera como ella y hacerle de consejera y tener confidencias la una con la otra.

Mi otra ídola es La Zowi. Estoy enganchada a algunas de sus canciones, sobre todo, la que canta con Albany, no puedo dejar de escucharla. La he visto en algunas entrevistas y me alucina su descaro, su sensualidad, su rebeldía, su feminismo entendido a su manera, y su power, pero lo que más me atrae de ella es su actitud. Pienso que me gustaría ser un poco más borde con los demás y que no me importara tanto que me vean como una persona buena, simpática y agradable.



Mi admirada Lise Bourbeu, en su libro "El poder de la aceptación" habla de la teoría del espejo. Cuenta, entre otras cosas, que cuando admiramos los atributos de alguien, es porque nosotros los tenemos también, y si no los exteriorizamos, es porque aún no los hemos reconocido como propios. 

Esto me hace pensar que yo también puedo ser tan descarada como La Zowi, o mostrarme con más actitud y creérmelo más, porque en realidad, ya tengo actitud, aunque oculta. También me hace reflexionar sobre como, si lo creo firmemente y lo reconozco en mi, me voy a dar lo mejor a mi misma, en todos los aspectos de la vida, como hace Rosalía.

Cuando somos niños y niñas, aprendemos a ponernos una máscara para ser aceptados y queridos por nuestros padres, y ese disfraz, suele ajustarse a sus necesidades, no a las nuestras. Así, hacemos de esa máscara, nuestra manera de relacionarnos con el mundo y también, el modo en que nos ven los demás. Quizás no sabemos que hay otras partes debajo de nuestra careta, que si las integramos, nos van a hacer más completos y más felices, porque forman parte de nuestro ser esencial, el que aún no está moldeado.

Gracias Zowi y Rosalía por hacerme ver con vuestras cualidades, más allá de mi máscara.



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